Los ingenieros agrónomos en el VI Congreso Mundial de Milán, en el marco de Expo2015, Pabellón la Factoría Global del Futuro – Farm LAB, aprueban la Carta Universal del Ingeniero Agrónomo que define los principios éticos para el desarrollo profesional considerando las comunidades de personas, de cada país y continente.
Creemos que el ejercicio de la profesión
de Ingeniero Agrónomo en los contextos relacionados con la agricultura, la alimentación,
el
mundo rural, el paisaje y los recursos naturales representa una dimensión planetaria sin
fronteras para la transferencia de conocimiento, profesionalidad y tecnología.
Estamos convencidos que nuestra profesionalidad, que ofrece soluciones
técnicas avanzadas, eleva nuestra responsabilidad
ética y nos obliga a actuar siempre en el interés general con vistas al progreso social.
La obra del Ingeniero Agrónomo representa un potencial considerable en los
retos globales del siglo XXI, razón por la que proponemos
cooperar en la
definición de una estrategia alimentaria técnica y de sostenibilidad ambiental para todo el planeta y en particular para las zonas en vías de desarrollo.
Por esto nos comprometemos a respetar los siguientes principios:
1) Para la alimentación y la
salud
El Ingeniero Agrónomo, como diseñador de los alimentos,
asegura la optimización
de los procesos productivos a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, defendiendo los principios de una alimentación sana y
nutritiva, que satisfaga las necesidades alimentarias
globales reduciendo
los
desechos y que garantice la salubridad de las producciones y la salud y el bienestar del consumidor.
La defensa de la alimentación
conlleva para el profesional una actividad
consciente y racional sobre diversos frentes. La competencia
del
Ingeniero
Agrónomo implica la protección de los alimentos,
la gestión activa y también la
reducción de los desperdicios, así como la formación y la información del consumidor para hacerlos conscientes del valor alimentario de los productos.
Para obtener un valor cualitativamente alto del alimento es necesario que se tomen medidas de calidad en todas las fases productivas de la cadena alimentaria, desde la fase de producción, la de transformación, hasta la de distribución.
El papel del Ingeniero
Agrónomo
en los procesos de la cadena es aquel de
garantizar y certificar que cada agente aplica todas las medidas necesarias con
el
fin de poder asegurar al consumidor final un alto nivel de calidad y de seguridad del alimento y en cantidad suficiente
para
todos los habitantes del planeta.
2) Para la sostenibilidad
El Ingeniero Agrónomo en el desempeño
de su actividad debe aplicar acciones
que no agoten los recursos del planeta con el fin de garantizar las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de satisfacer
las
necesidades de las futuras generaciones.
La salvaguardia de la sostenibilidad es un deber ético y ambiental del profesional, sobre todo en un mundo cada vez más poblado en el cual los
recursos naturales son gestionados
con
conciencia social y sostenible. Un mal uso de los recursos en tiempos en los cuales aún millones de personas pasan hambre es intolerable, no sólo desde el punto de vista ético, sino también ambiental, porque representa un consumo de recursos naturales inútil y con ello dañino.
3) Para la biodiversidad
El Ingeniero Agrónomo garantiza la custodia de la biodiversidad, se
compromete a desarrollar y transmitir la diversidad genética para la
alimentación y para la agricultura,
y garantiza para las generaciones futuras “la variabilidad entre todos los organismos vivos, incluyendo, por supuesto, las del subsuelo, el aire, los ecosistemas acuáticos, terrestres y
marinos y los complejos ecológicos de los que forman parte” (CBD, Río
de Janeiro, 1992).
La tutela de la biodiversidad comporta para el profesional la
obligación moral en
la confrontación de las generaciones futuras de garantizar, en la actividad de
planificación y proyección, el equilibrio entre biodiversidad
y mejora genética, incentivando en la dinámica de las explotaciones las prácticas agrícolas que contribuyen a formar ecosistemas agrícolas en equilibrio, salvaguardando las
interacciones que existen
entre agricultura y
biodiversidad y
mejorando la eficiencia de las producciones.
La promoción de las elecciones culturales que aumenten la biodiversidad de las explotaciones es la base para el respeto de
tal
principio.
4) Para el suelo
El Ingeniero Agrónomo garantiza la protección y la gestión sostenible del suelo y la preservación de la capacidad para realizar funciones o servicios en materia de derechos económicos, ambientales, sociales y culturales.
La protección y la gestión sostenible del suelo conllevan para el Ingeniero Agrónomo la adopción de prácticas profesionales
que mantengan
inalterada la
fertilidad del suelo y que contrarresten el deterioro.
El suelo representa un elemento esencial para la vida, es componente
fundamental
de
los ecosistemas terrestres y del ambiente, es un recurso no renovable, y es un sistema complejo y dinámico que suministra una serie de
beneficios al hombre y al ambiente a través de una pluralidad de funciones y de servicios: producción de alimentos y biomasa, almacén de carbono, filtraciones
y transformación de nutrientes, sustancias y agua, reserva de biodiversidad y
también ambiente físico para la actividad humana.
Contrarrestar la pérdida y valorar su importancia son factores claves para el bienestar actual y futuro del hombre y de la
sociedad.
5) Para el paisaje
El Ingeniero
Agrónomo protege el valor
“territorio–cultura”
como
resultado de la sedimentación de factores históricos, sociales e
institucionales del contexto local y promueve la valoración de la identidad local a través de la conservación del territorio rural y de sus tradiciones.
El profesional experto conocedor de la vocación productiva de la realidad
territorial tiene el deber de promover
modelos de desarrollo ad hoc en el grado de
interconectar peculiaridades locales y áreas de
producción. La gestión racional y prudente del “capital territorio” está dirigido a elaborar estrategias y diseñar en modo de transmitir el valor que la identidad de un territorio puede
revelar.
El Ingeniero Agrónomo, a través de una correcta planificación y proyección territorial, asegura desarrollo rural, a saber el mantenimiento y el crecimiento de los sistemas socio-económicos locales.
6) Uso social de la genética
El Ingeniero Agrónomo utiliza las técnicas de mejora con fines coherentes y que mejoran las condiciones ambientales y socio-culturales de la población del planeta sin favorecer situaciones de colonialismo económicos contra la población más vulnerable en las zonas en vías de
desarrollo.
El uso racional de la genética comporta una rectitud profesional que en cualquier parte del planeta debe ser libre de fines económicos.
El patrimonio genético de las especies vivas es patrimonio de todos y por esto debe servir al bien de toda la humanidad, por tanto las aplicaciones biotecnológicas deben salvaguardar este principio sin convertirse en dominio del arbitrio de intereses de parte, o bien utilizado para fines materiales con intereses económicos en el mismo modo que un producto industrial, construido por el hombre.
7) Uso social de la tecnología
El Ingeniero Agrónomo
asegura que el uso de la tecnología y de las prácticas innovadoras no constituya tal asimetría de la información para ser utilizada con fines económicos, para prevaricación de los más débiles y para reducir la capacidad de ejercer sus derechos fundamentales.
La tecnociencia, bien orientada,
está en grado de producir cosas valiosas para
mejorar la calidad de vida de los seres humanos,
conservar el equilibrio de los
ecosistemas y salvaguardar la sostenibilidad ambiental.
En este contexto debe situarse cualquier aplicación profesional; sin duda existe la necesidad
de una atención constante, que porte a considerar también todos los aspectos éticos implicados.
Con tal fin, el profesional asegura un debate científico y social que sea
responsable
y amplio, en grado de considerar toda la información disponible y
sin intereses, sean estos políticos, económicos o ideológicos.
8) Independencia intelectual y autonomía profesional
El Ingeniero Agrónomo en el ejercicio de la profesión, excluyendo cada
restricción o limitación, garantiza las mejores condiciones para mejorar el
componente intelectual que garantiza su trabajo. Tiene el deber de
preservar su independencia de criterio, técnico e intelectual, y defenderlo de las influencias externas de cualquier naturaleza.
En este contexto social, dominado por aspectos económicos, donde el dinero
no
representa más que el instrumento pero que se convierte en un fin, la
autonomía intelectual subyace a menudo a aspectos con condicionamientos de tipo económico.
La independencia intelectual es de cualquier manera siempre perseguida y eso
implica la continua verificación de la ausencia de condicionamientos
externos
sobre el propio actuar y comporta franquear las influencias de cualquier género, de
naturaleza moral, material,
política,
ideológica, económica
y también familiar, para que el propio modo de actuar esté marcado sólo por la plena tutela de los intereses
que le son confiados, siempre que se trate de intereses compatibles con los principios éticos generales y de naturaleza social.
9) Para la sabiduría
El Ingeniero Agrónomo reconoce el deber de formarse y actualizarse constantemente con el fin de garantizar un alto nivel cualitativo de su negocio, en el interés público del buen ejercicio de la profesión y de su dignidad profesional.
La formación y la
actualización profesional no representan solo una
oportunidad
para
la profesión de mejorar la calidad de la prestación de los
servicios, sino también la
ocasión de valorizar la especialidad profesional.
La formación continua profesional
constituye un punto crucial de la estrategia realizada en algunas zonas del planeta en la consideración que
la rapidez de la evolución técnica y del progreso científico hace indispensable un ulterior
aprendizaje a la
largo de toda su vida profesional.
El Ingeniero
Agrónomo reconoce que la evolución
de
la
normativa
y
el incesante progreso científico
y
tecnológico
imponen una constante actualización
con
el fin de asegurar la mayor calidad de la prestación
profesional; el Ingeniero Agrónomo considera la formación y la instrucción permanente un instrumento
para
renovarse con los procesos científicos en
medida
necesaria
para
mantener
prestaciones
profesionales seguras
y
eficaces.
10) Espíritu de compañerismo
El Ingeniero Agrónomo en el reconocimiento de la identidad profesional asegura la solidaridad entre compañeros de todo el mundo, promoviendo colaboraciones entre ingenieros agrónomos y apoyo mutuo, no sólo desde el punto de vista profesional, sino también social y familiar.
El espíritu de unión nace justo de la pertenencia a una misma comunidad, de la convivencia del sentimiento de recíproca consideración y de sentido común. El espíritu de unión tiene un valor sin duda positivo en cuanto
que lleva a la
colaboración entre colegas
y a
una mutua ayuda, con tal que no termine con el
devenir el valor más importante también respecto a
las exigencias y a
la
necesidad de la generalidad de los ciudadanos.
Un aspecto importante está constituido desde el respeto de las otras opiniones profesionales. Las
divergencias no deben nunca convertirse en motivo de
fricción de carácter personal, si no construir oportunidades de confrontación
civil de opiniones si no de enriquecimiento recíproco.